Desde tiempos atrás, la calle ha sido el
espacio público por excelencia para la expresión artística de los individuos;
en ella a través de bailes, música, pintura y demás, cada artista logra enviar
un mensaje específico a los transeúntes que saliendo del ajetreo cotidiano, se
detienen a observarlos.
Bogotá hoy en día se codea con Nueva York,
Londres y París, en las ciudades con mejor arte callejero, incluso muchos han
llegado a considerar a Bogotá como un museo al aire libre.
El baile es una de las facetas principales
de las calles bogotanas y el hip-hop es el género predominante entre los
bailarines urbanos. Este género proveniente de Estados Unidos llegó a Bogotá
hacia los años 80’s como un arte revolucionario; en este país esta música era
bailada e interpretada principalmente por afroamericanos que buscaban a través
de esta, expresar sus ideas frente a la sociedad dominante que los
discriminaba. Es un género que siempre ha llevado consigo un trasfondo
revolucionario.
No obstante, hoy en día aunque sus letras
mantienen un poco de esta necesidad de revolución, se ha convertido en una
forma de comunicarse a través del cuerpo sin necesidad de ser profesional en
ello, siendo producto propio de la improvisación.